Por Osvaldo Silva Serqueira
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Se invoca a cada rato. Es casi un mantra de la simpatía social y una especial demostración de la capacidad recursiva de los chilenos, esa es la palabra HUEVON.

El dominio consensual faculta a un grupo determinado, para comprender el correcto sentido de esta palabra en su contexto lingüístico. El mismo dominio consensual permite que grupos antagónicos tengan un espacio en común en el lenguaje a través de esta palabra. Sólo habitando en el uso cotidiano de la palabra se podrá comprender cuando huevón significa amigo, tonto o cuando se refiere a un ser despreciable.

La Real Academia de la Lengua define el término como un americanismo, que suele emplearse como sinónimo de lento, tardío, bobalicón, ingenuo, animoso, valiente, holgazán o flojo. En nuestro país este término ha superado todas las categorías, transformándose en un concepto universal. En el uso cotidiano del lenguaje, la gente logra acomodar a la palabra huevón a casi todos los contextos y situaciones.

Huevón en el Cerebro y la creatividad.

En el hablar cotidiano, las groserías o “escatolalias” (como es su nombre técnico) apuntan a describir aspectos que habitan en el inconsciente colectivo. Nuestro repertorio de garabatos, se orientan a describir las actividades biológicas de desasimilación, reproducción y asimilación. Como detalle interesante, podemos agregar que según la neuropsicología nuestro repertorio conceptual se origina en el neocórtex del cerebro. En el caso de los garabatos, estos se originarían en el sistema límbico, el lugar en donde nacen las emociones más básicas del ser humano.

El sentido de los huevones

Huevón, es una deriva conceptual, un “espectro” lingüístico chileno, que sólo en el acto del habla adquiere sentido de ser y construye realidad. Asi lo dice Cosme Portocarrero, autor del libro “La Palabra Huevón”.

A manera de ejemplo, en Chile “ganarse la Polla”, es una expresión que indica suerte en un juego de azar. En España sería muy difícil “ganarse la polla” y mucho menos “sacarse la polla”, puesto que, en su aplicación local, describe al órgano masculino. Me río de solo pensar en las expectativas de un ciudadano español viendo la televisión chilena, presencie como los conductores del noticiero cierran el informe de los sorteos expresando; “desde aquí muchas felicitaciones a los ganadores de la polla”. Ni hablar si escuchara el comentario familiar “me encanta cuando varias personas se sacan la polla”.

Huevón al cine y al diccionario

Como se recordará, relativo éxito tuvo la película “el rey de los huevones”. Sin duda un hecho muy significativo. Por primera vez en el mundo del cine, una escatolalia llega a la pantalla grande. No. No fue otro libro de Isabel Allende, no fue una obra de teatro, ni la biografía de don Francisco. Fue una “chuchá” como diría el tío Lalo Parra.

Los múltiples significados de huevón, la hacen una palabra que está en casi todos los dominios lingüísticos. Es por excelencia parte del dominio consensual de todos los chilenos, y en algunos casos un eje fundamental de la recursividad discursiva de algunas personas.

Huevón pertenece al lenguaje del devenir, del relato. Huevón no han podido ser atrapado por la fría construcción del lenguaje alfabetizado. Un escrito no puede trasmitir lo que es huevón en cada contexto.

Prueba de lo anterior es que huevón llegó al diccionario, pero existía antes que la Real Academia lo aceptara. Aun así, dudo que texto alguno logre explicar fácilmente lo que es y lo que significa huevón.

En general las escatolalias, y en especial la palabra huevón, no separan al orador, al lenguaje y la acción, tal como describe Rafael Echeverría, autor de “Ontología del Lenguaje” Las escatolalias adquieren su más nítido sentido en el momento en que se manifiestan.

El lenguaje es generativo. Genera, describe realidades y principalmente crea sentido. Huevón lo demuestra nítidamente. Sirve para insultar, denigrar, desacralizar o expresar admiración; y si la mayor parte de las veces delata una endémica pobreza de lenguaje, hay ocasiones en que viene a ser “como un detonante del ingenio corrosivo de la chilenidad profunda”. Dice Portocarrero.

El análisis del libro

– “Entonces huevón, como se demoró tanto el huevón, le dije ya pues Huevón, que te has imaginado huevón. ¿Y sabes que me contesto el huevón?”

– ” ¿Qué?, huevón”

– “Nada, pues huevón. Se quedó callado el huevón”.

Este diálogo, nos es muy útil para demostrar la extensión y prodigalidad con que se emplea esta palabra. La misma sirve de núcleo a numerosas expresiones destinadas a describir, clasificar, insultar o desafiar.

“Tonto huevón (pobre diablo); “pobre huevón (infeliz); “huevón maricón” (individuo débil); “huevón de mierda” (flor y prez de los insultos), son algunas de estas expresiones, aunque, en su acepción negativa, se suele acompañar el “huevón” de los adjetivos mas insólitos.

Así no es raro escuchar afirmaciones como “que huevón más distinguido”, “huevón esmerado”, “huevón a la vela” o “huevón para la risa”.

Entre los derivados de huevón, el texto de Portocarrero menciona “huevoncito”, que intensifica el juicio sobre la calidad humana de una persona; “huevoncete”, que es un despectivo equivalente a “pobre huevón”; y “ahuevonado”, que generalmente va precedido del adverbio “medio”.

También existe “huevonaje”, que es un término ultra despectivo, equivalente a chusma, o gentuza, que equivale a “tropa de huevones”.

“Huevón” ha dado origen además al sustantivo “huevoneo”, de aplicación limitada, y al verbo “huevear”, de uso “canónico”, según el autor: “Juan se dedicó a huevear durante toda la fiesta”, “mis colegas huevean toda la semana y el viernes les viene el apuro”; “por favor no me huevees”, son algunas de sus aplicaciones.

Dicho verbo da paso, al sustantivo “hueveo”, que lo sigue “como el trueno al relámpago”, dice Portocarrero, quién le atribuye un uso “restringido pero intenso”: “por favor, corta el hueveo”, cuyo equivalente culto sería: “por favor, termina con las manifestaciones poco serias”.

Por su parte el sustantivo “huevada”, es núcleo de variadas construcciones sintácticas que apuntan a definir acciones torpes, inconsultas o insensatas.

La raíz de todos estos términos está en “huevá”, que de forma aislada no tiene valor semántico ni estilístico, pero es el núcleo de varias construcciones muy expresivas.

Dos ejemplos: “Deberías sacrificar parte de las ganancias para capitalizar el negocio”, “¿Yo?, ¡Las huevas!” (Por supuesto que no). “¿Cómo te va en tu vida sentimental?”, “como las huevas” (extremadamente mal).

Con todo lo expuesto anteriormente, podemos aproximarnos en mejor forma a tan prolífico concepto. Seria largo enumerar todas las categorías que puede lograr la palabra huevón, pero como habitamos en el lenguaje, reconocemos el sentido que tiene cada una de sus aplicaciones. Después de esto, huevón no suena tan mal.