En la actualidad, el discurso mayoritario de la indignidad de la pobreza humana –sobre todo en Chile– está supeditado a la voluntad de ayuda, es decir, basada en la tesis general en que las personas libremente dentro de su autonomía moral deciden ayudar al pobre en su estado de desventaja, esto es, el padecimiento del sufrimiento del hambre y falta del abrigo y hogar.

La Constitución Política de la Republica de 1980 interpretó la dignidad y los derechos en clave individualista, un ejemplo de ello es la noción de propiedad sobre los derechos como bienes intangibles, que a diferencia con la constitución de 1925, esta última integraba la noción de solidaridad a través de los derechos sociales. Así, varios son los ejemplos de diseño político, económico, jurídico y cultural que derivada de la experiencia de la Constitución actual genera soluciones de diseño que perpetúan el problema en algunas de las esferas de la vida en sociedad.

Un nuevo concepto de dignidad humana

El ejercicio del siguiente texto es imaginar una formula distinta para integrar y dar solución a los que sufren diariamente la pobreza, es decir, lo que se intentará es mostrar que sucedería si aplicamos un concepto de dignidad humana fuera de la tradición constitucional actual Chilena. Sin más introducción, comenzaré distinguiendo dos posiciones de dignidad;

  1. El que concibe la dignidad humana como una posición moderada o más cómoda, que es la posición actual en Chile.
  2. El que la concibe como una posición fuerte o como también podría ser llamada “la posición moral en serio de dignidad”. Esta posición puede aplicarse a los humanos y animales no humanos y al medio ambiente. Sin embargo aquí se desarrollará entorno a los humanos.

Cabe advertir, que en ambas posiciones existen variados matices filosóficos, ya sea tesis de corte política, económica y moral, cómo el liberalismo y el igualitarismo, o combinaciones de ambas, también de tradiciones filosóficas griegas, utilitaristas, kantianas, etc. sin embargo dado la extensión de este artículo se sintetizará el argumento desde la noción de la tradición constitucional Chilena de dignidad.

Ahora bien, entrando en materia, la concepción de la dignidad como una posición moderada, es aquella que se define como aquel valor intrínseco de la especie humana en el cual pasa ser un fin en sí mismo y no un medio, concepto sintetizado que proviene de la filosofía de corriente liberal y cuyo argumento sirvió para liberarse del yugo de la monarquía y entre otras luchas históricas que, sin embargo, actualmente esta noción tiene entrampado los diseños jurídicos, políticos y económicos en la discusión que nos convoca.

Está noción está fuertemente arraigada en la declaración DDHH y entre otros tratados, como también en nuestra Constitución actual. Asimismo, a esta noción se suma un requisito esencial, esto es, que se debe legitimar en el ordenamiento jurídico, por tanto, todo aquello que quede fuera de reconocimiento simbólico del Estado, el resto no será necesariamente una dignidad que pueda ser exigida en forma inmediata, lo que generará en la práctica que los individuos que deseen alegar la dignidad humana apelando atender el sufrimiento urgente del más pobre tendrán que hacerlo opcionalmente, ya sea interpelando moralmente al resto de la sociedad para que ayuden, por ejemplo a través de las donaciones, asociaciones con giro de ayuda social, etc. o impugnando por medio de la democracia las políticas del Estado, cómo por ejemplo eligiendo al candidato que tenga un proyecto a favor de los más desventajados, entre otros remedios que se pueden esbozar en base a lo que permite el diseño político actual. Ahora bien, quien quiera alegar que la ayuda al más necesitado es una obligación de todos, quedará sólo como una posición moral traducido en un acto de impugnación a la praxis cultural de la sociedad, por tanto ayudar al que sufre será una opción y no una cuestión de deber. Lo descrito anteriormente es la posición de una dignidad humana moderada que no se inmuta respecto de las dimensiones de sufrimiento respecto del otro, cuestión que cambia –como se ha dicho– sólo cuando asume una posición voluntaria de ayuda por el otro.

Lo dicho anteriormente es uno de los problemas que se pueden identificar, sin embargo la consecuencia que genera es que los más necesitados quedaron actualmente inutilizados cómo sujetos activos de las políticas, fenómeno que tiene la siguiente explicación; partiré señalando que la pobreza es un producto social. ¿Cuáles son los argumentos? distingamos, por un lado históricamente se entendió la pobreza como una carencia de bienes materiales, de tal manera que desde esta concepción, el origen del humano y su pobreza siempre lo han acompañado, era su condición natural, es decir que el humano en tanto individuo era naturalmente pobre porque viene al mundo sin riquezas. Pero, si le agregamos el factor de la expansión de la humanidad, un planeta de recursos limitados, y las complejas estructuras de las sociedades modernas, tarde o temprano le darían un estatus distinto al concepto de pobreza.

Y es que el ser humano actual, a diferencia de sus antepasados, el ya no puede cazar, ni recolectar, ni asentarse libremente en la tierra, ni viajar sin permisos especiales, ni debe pagar toda clases de impuestos, y además, no tiene un control supervigilitante organizado y centralizado de las conductas a través de un Estado con policías y cárcel, normas y leyes, etc. y etc… de tal forma que todo esto produce un estatus de desventaja y pobreza nuevo. Al respecto, al no tener bienes de intercambio para transar en el mercado los mínimos para subsistir, específica y especialmente dinero, queda completamente inutilizado, dejando que otros seres humanos más aventajados, tomen las decisiones políticas de cómo ayudarlos, transformando al pobre en un símbolo que no puede participar en política como sujeto activo –por tanto no participa en las soluciones–. ergo, la conclusión aceptable es que la pobreza y toda desventaja material en general es un producto social supeditado a los proyectos individuales de los más aventajados, pues, son estos últimos los que toman las decisiones sobre cómo vivir en sociedad y los que pueden acceder a los cargos de poder que intervienen directa o indirectamente en la vida de todos. El problema de esto, es que los pobres son los más invisibilizados ante tal magnitud de poder que no pueden resistir, por lo que están obligados a esperar que el resto de la sociedad reivindique fórmulas para decidir sobre su destino ya sea bueno o malo.

En consecuencia, estas estructuras sociales complejas permiten permear con mayor facilidad en la aceptación moral y jurídica de un individuo, por lo que generan una cultura trivialmente aceptada de ayuda voluntaria hacia el más necesitado, por lo que los ciudadanos y el Estado asuman una lucha mínima dejando que el más necesitado practique la mendicidad cómo una cuestión culturalmente aceptada.

Citas:

  1. Sentencia del Tribunal Constitucional chileno, 26 de junio de 2008, Rol N° 976, considerando 30 al 35.
  2. Podemos observar esta visión moderada en la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas del 10 de diciembre de 1948. Artículo 1°. “Determina que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. En el mismo sentido, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 19 de diciembre de 1966, en su preámbulo afirma que “el reconocimiento de la dignidad inherente […] constituye el fundamento de la libertad, la justicia y la paz mundial, en el reconocimiento que esos derechos derivan de la dignidad inherente a los hombres”. Se suma a esto, La Convención Americana sobre Derechos Humanos, en su preámbulo, reconoce “los derechos esenciales del hombre no nacen del derecho de ser nacional de determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana, razón por la cual justifican una protección internacional de naturaleza internacional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados Americanos”. Por otro lado, la Convención sobre Derechos del Niño de 1989, en su preámbulo “Considerando que, de conformidad con los principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo se basan en el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Asimismo, la Convención de Naciones Unidas contra la Tortura, de 1984, en su preámbulo el “reconocimiento que esos derechos derivan de la dignidad inherente a los hombres”.