En esta columna esbozaré la posición fuerte de dignidad humana a favor de los pobres que ha quedado pendiente de la columna anterior.

Sin más dilación, el argumento de la posición fuerte es el siguiente, primero, dado que según la filosofía moderada de la dignidad humana –explicada en la parte I– establece que la dignidad está sobre la Constitución; y segundo, además constituye un límite para el ordenamiento jurídico, debido a que la Constitución y el ordenamiento no pueden atentar contra este, nos permite radicalizar y llevarlo a un estatus superior de exigencia humana apropiándonos de su propia definición. Y esto es que el pobre y el más desventajado, apelando a la dignidad del art 1 y los tratados internacionales suscrito y ratificados por Chile, tienen una herramienta constitucional que se traduce en una acción, y dicha acción permite mover el aparataje completo del estado y de la sociedad civil para reclamar el restablecimiento de la dignidad, de esta manera la solución ya no será esperar a que el Estado haga algo, o la sociedad civil opcionalmente ayude o que la economía mejore y entregue sus beneficios al resto a través de la política del “chorreo” , sino que ahora el reclamo será trasformado ya no en mendicidad, sino que exigiendo que la Sociedad Civil y el Estado se coordinen para ayudarlo a que lo saquen de esa condición de indignidad y sufrimiento humano, y por tanto una vez estable pueda proseguir en la conformación de su propio proyecto de vida libremente, pero, con el deber de ayudar aquellos que estuvieron en la misma posición.

El punto de esta acción que deriva de la dignidad humana, fija principios, por un lado el Estado debe resolver sin posibilidad de decir que no, es decir estarán obligados a dar a una solución, si rechazan en dar la solución entonces estarán aceptando que siga existiendo la indignidad humana. Por otro lado, permite entender la dignidad ya no sólo como una justificación y límite del derecho y el Estado, sino que además es una obligación que nos concierne a todos solidarizar con el otro, el pobre mientras sufre las condiciones del padecimiento de la pobreza, requiere que la sociedad se organice y colabore para restituir un proyecto de vida. Además, el Poder Judicial debe interpretar la dignidad humana en base a esta posición fuerte de dignidad, de lo contrario asumirá en sus fallos una aceptación del estatus de indignidad. Es decir, cuando vea pobreza radical en sus juicios tendrá que denunciarlo o tomar medidas.

La dignidad humana imaginada de esta forma, es decir, desde una posición moral fuerte, implica que el individuo es capaz de superar y entender que ayudar al otro es una obligación y no una opción, y esta obligación es a través de una operación coordinada de la sociedad, por tanto los individuos tienen como deber estar constantemente interpelando a sus miembros para evitar que se genere una cultura de la naturalización, es decir, que sea naturalmente aceptable ver a alguien sufriendo por hambruna, falta de hogar y abrigo.

Dada la extensión, sólo desarrollé el esbozo del argumento, de tal manera que lo discutido aquí es una invitación a repensar nuestras instituciones hacia un principio de solidaridad y justicia. Quedan pendientes, en cómo se ejecuta esta acción, que sucede en caso de no cumplirse, de qué manera se coordina el Estado y la sociedad civil para el desarrollo de las políticas públicas, y los más importante, una reconstrucción de dignidad que integre a los animales y el medio ambiente.

Cabe advertir que la manera en que la Constitución entiende la dignidad humana es de baja potencia ¿Qué sucedería si pusiéramos el estándar de dignidad en las cárceles? ¿En la educación? ¿Los inmigrantes? Etc. Advertiríamos que hay dignidad sólo para algunas categorías de personas…