Por Malucha Pinto…

En el secreto de este verano y de mi casa barco de dos pisos que viajan entre la cordillera y el mar; escucho el rumor de pasos presurosos, palabras cariñosas, utensilios de cocina que se encuentran con el ajo, la cebolla, para dar a luz manjares que alimentan huesos, placeres. Escucho risas que explotan con la risa del guerrero Tomás que lanza al aire sus UUUUUU, AOOOOO, EEEAAAA y yo también me rio, en silencio, feliz de este cascabeleo que mece mi vida. Son las complicidades de la TRIBU DE MUJERES que han acompañado a mi hijo (y a mí) a lo largo de su tiempo. Tremendas féminas de la tierra conectadas con lo que no es verbal, con lo que no tiene un antes y un después, con la sencillez de los afectos, con lo no racional. Ellas, claramente, ven lo que es invisible a los ojos: el espíritu indómito de mi hijo oculto tras su aparente ausencia. Su corazón es un torrente de luz que ha apapachado el alma de Tomasito, que la ha acunado, que ha masajeado sus manos, su cuerpo, su ser.

¡Las mujeres, sus úteros, sus fibras delicadas capaces de tanto y tanto amor han hecho posible el milagro de la permanencia humana en el planeta!

Mi casa es una que se creó en la medida de la vida de este muchacho humano que llegó a la tierra en una condición diferente.

Mi vida, hoy, es una que se creó en la medida y gracias a este muchacho humano que llegó a la tierra en una condición diferente.

Y está, con nuestras vidas, la tribu de mujeres que sube el cerro, siempre presente, amparando, acompañando nuestras existencias y nosotros la de ellas. Cofradía y complicidad en torno al amor y a comprensiones profundas del sentido final de las cosas que se teje en la cocina, mientras molemos almendras, espantamos las moscas del pastel que le hicimos al chiquillo, caminamos a pata pelá después de regar y comentar alguna noticia…

Este espacio íntimo dentro del espacio, con música, mucha música para el alma megalómana de mi Tomás único, irrepetible, lago profundo de misterios y alegrías que trascienden la materia, nace del amor infinito, el respeto, la gratitud hacia él. Una lámpara con dos tulipas, un velador lleno de remedios, películas, pequeños obsequios que muchos han ido dejando para este hombre de bigotes iguales a los de Freddy Mercury (otro diferente) que porfiadamente y contra todos lo pronósticos sigue vivo bajo el cielo de la tierra. Él, desde la innegable y bella humanidad imperfecta, contradictoria pero INMENSA; se descifra a sí mismo, descifrándonos cada minuto del día, negándose, después abrazándose, que es la única real manera de descubrir quienes somos. Y ahí están ellas, este clan, esta tribu femenina que ha hecho posible nuestra existencia feliz.

Entonces este homenaje y reflexión en relación a la necesidad de la colaboración, de la interacción despierta, de la interconexión de espíritus y almas, de encarnar el hecho de que vinimos en lote, que a todos nos cruza y nos determina la separación primera del BIG BANG, de ese TODO que nos contiene. Vernos y acompañarnos, empatizar…

La vida nos da regalos difíciles de desenvolver. Al fondo del paquete bellamente envuelto, un perfume de jazmín, una especie exótica, un colmillo de tigre de bengala. Jamás habría podido desenvolver mi regalo, sin ellas, estas mujeres de mi clan que cada día suben el cerro, al rito salvaje y libertario: EL RITO DEL AMOR. Entonces… GRACIAS.

La vida en Chile tendría que ser una vida en que el Rito del Amor fuera un rito social de cada día para todos y todas.